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martes, 7 de abril de 2009

UNA CANCIÓN PARA FUJIMORI: 25 AÑOS


No sabemos si a Los Bohemios del Cusco les gustará la idea.

Ustedes saben que Fujimori siempre hizo alarde de haber recorrido cada rincón de nuestro Perú profundo, ¿verdad? Se ponía ponchito y chullito ante cámaras, ¿verdad? Entonces le debe gustar nuestra música andina.

Ahora que a Fujimori le cayó una condena de cárcel por 25 años, por la matanza de Cantuta y Barrios Altos y por ordenar los secuestros, proponemos lo siguiente: Fujimori debe ser el cuarto integrante de Los Bohemios del Cusco. Por justicia le corresponde. Fujimori debe ser la primera voz, para cantar este huayno que le cae como anillo al dedo.


lunes, 15 de septiembre de 2008

ROSTROS QUE CLAMAN JUSTICIA



Mientras en Lima continúa el megajuicio por los crímenes de la universidad La Cantuta (y Barrios Altos); en Huancayo, los familiares de los muertos y desaparecidos de la Universidad Nacional del Centro del Perú se preguntan: ¿será cierto que justicia, solo en el cielo?

Por Wilber Huacasi

En aquel momento pensó que lo peor estaba por suceder. Un hombre vestido de civil acababa de intervenirlo en forma sorpresiva tomándole del cuello y apretando el cañón de un arma de fuego contra su cintura, mientras le decía en voz baja: “¡Policía!, está arrestado”.

El joven estudiante de la Universidad Nacional del Centro del Perú (UNCP) notó la presencia de otro sujeto que de inmediato le arrancó sus documentos. En cuestión de segundos, fue obligado a subir a un auto volkswagen de color amarillo que avanzaba lentamente por la cuarta cuadra del jirón Ayacucho, en pleno cercado de Huancayo. El vehículo empezó a acelerar con dirección hacia el sur, trasladando al detenido en el asiento posterior, boca abajo, con la cabeza presionada y el cuello apuntado con un revolver.

Aquella mañana del 25 de agosto de 1992, el dirigente estudiantil y miembro del tercio superior, Miguel Ángel Cieza Galván, no sabía si finalmente saldría con vida.

Al día siguiente su madre, Olga Galván, acudió en su búsqueda al cuartel del Ejército Peruano, 9 de Diciembre, donde le informaron que había 19 estudiantes detenidos. Olga asumió que entre ellos se encontraba su hijo. Pero al tercer día, cuando retornó al recinto militar, le dijeron que ya no tenían a ningún estudiante. El padre del universitario, Óscar Cieza, se había sumado a la búsqueda. Pidió apoyo al Poder Judicial, a la Fiscalía, a la iglesia, pero nada. “Y los muertos seguían apareciendo”, recuerda. Olga Galván y Óscar Cieza se sumaban, de este modo, a la lista de familiares que para entonces buscaban a los estudiantes desaparecidos de la UNCP.

Puedes leer el informe completo en la web de la revista Crónika.