Reportaje en el programa Cuarto Poder.
Elaborado por: Cladem - Manuela Ramos - Flora Trsitán.

EN MEMORIA A SUMAQ WAYTA
Cuando pronuncio el nombre de mi mami, todavía me es difícil creer que ella se marchó al más allá para nunca volver, y de repente mis ojos se llenan de lágrimas y lloro su ausencia. Todavía no entiendo la temprana partida de mi wayta, yo solía decirle así de cariño.Mi mami, aquella mujer que con su saber y experiencia supo guiarme por el buen sendero, la persona que me preparó para el camino y para los obstáculos que hubiese en este mundo, mi wayta querida, ahora que no estás me harás mucha falta, pero ve tranquila al cielo infinito mamita, porque yo, tu hijo Moche, llevo tu sangre y juro por lo más sagrado que no será en vano.
Me dejaste muchas cualidades y las iré explotando. Todo está en mí. Seré grande igual que tú, mami, desde el fondo de mi corazón solamente te pido, mami, que me des mucha fuerza y fortaleza, aquí el cambio ya está empezando tal como tú lo pensabas, seguiremos cultivando tus enseñanzas, dejaste muchas semillas de las cuales ya todas están germinando, dejaste muchas tareas y responsabilidades que cumplir y las cumpliremos... Tu hijo que te amará por siempre.
Invoco a todos los peruanos a que reflexionemos y unamos fuerzas porque el cambio ya está empezando en el campo, solamente uniendo fuerzas lograremos nuestros objetivos y metas.
ESCRIBE: SUSANA MENDOZA SHEEN
FOTOS: STEPHANIE ZOLLNER
A los 45 años, Rosa Cóngora Cárdenas es una amauta; después de haber recorrido varios caminos para encontrar su lugar en este mundo, con esposo, tres hijos, hablar quechua y luchar por lo que cree, se siente satisfecha.
Es un sentimiento pleno. Es raro oírlo. Más extraño todavía cuando lo expresa una mujer que vio la luz de la vida en un pueblo lejano de Colcabamaba, Huancavelica. Hace más de cuatro décadas, la pobreza de esa zona andina, a más de tres mil metros del nivel del mar, tenía atrapada la ambición de su gente.Antes de ser amauta, Rosa vivió en Pampas, una ciudad rural de Tayacaja. Había decidido dejar el campo, como muchos de su condición, porque creyó que la luz del ascenso social tocaría la suerte de la familia que empezaban a formar ella y su pareja, Moisés Vila. El jornal de obrero no les alcanzaba. Seré pobre, no tengo plata, y esas palabritas se le metían dentro. Se sentía humillada. “Tenia vergüenza de sacar a mis hijos a la calle”, recuerda.
Hasta que un rayo de lucidez fulminó su insensatez: qué estoy haciendo acá si tengo terreno en mi comunidad, se dijo. Volvió a su chacra y junto con su esposo aceptaron los nuevos saberes de sus hermanos cusqueños. “Cuando uno interioriza la palabra pobre, más te duele”.
No le causa dolor, sin embargo, seguir los designios del liderazgo. Ella postuló a la alcaldía de Tayacaja en las elecciones de 2006, las comunidades campesinas la propusieron y fue la única mujer que se presentó. Quedó en segundo lugar, a pesar que las maldades del machismo socavaron su elección. “Los políticos marginan, piensan que una mujer no puede gobernar al pueblo, sufrí humillaciones, pero aprendí mucho. Por ejemplo, que las mujeres tenemos que trabajar con transparencia y ejercer la democracia participativa para que los varones confíen en nosotras”.
ACTUALIZACIÓN:
Hoy (lunes 23 de noviembre), al promediar las seis de la tarde, los restos de Rosita Cóngora llegaron a su natal Pampas (Huancavelica). A la llegada, su esposo "Moisés Vila Escobar rompió en llanto abrazando a sus tres hijos Iván (22) Moisés (20) Juanita (17), quienes estaban acompañados en todo momento de sus abuelitos. Los restos de Rosita Congora son velados en el teatro municipal de Pampas, y el miércoles por la tarde se dará la cristiana sepultura en el cementerio de Chalampampa". (Con información y fotos del periodista Ángel Huamán Castillo, Pampas).
INFORME: Conozca la labor de Rosita Cóngora en este reporte de Canal N.