El texto llegó al blog a través de los comentarios. Lo transcribimos ahora, al cumplirse dos meses desde que un accidente en Bolivia terminara con la vida de Rosita Cóngora, yachachiq de Huancavelica. El texto fue escrito por Moisés Vila Cóngora... su hijo.
EN MEMORIA A SUMAQ WAYTA
Cuando pronuncio el nombre de mi mami, todavía me es difícil creer que ella se marchó al más allá para nunca volver, y de repente mis ojos se llenan de lágrimas y lloro su ausencia. Todavía no entiendo la temprana partida de mi wayta, yo solía decirle así de cariño.
Mi mami, aquella mujer que con su saber y experiencia supo guiarme por el buen sendero, la persona que me preparó para el camino y para los obstáculos que hubiese en este mundo, mi wayta querida, ahora que no estás me harás mucha falta, pero ve tranquila al cielo infinito mamita, porque yo, tu hijo Moche, llevo tu sangre y juro por lo más sagrado que no será en vano.
Me dejaste muchas cualidades y las iré explotando. Todo está en mí. Seré grande igual que tú, mami, desde el fondo de mi corazón solamente te pido, mami, que me des mucha fuerza y fortaleza, aquí el cambio ya está empezando tal como tú lo pensabas, seguiremos cultivando tus enseñanzas, dejaste muchas semillas de las cuales ya todas están germinando, dejaste muchas tareas y responsabilidades que cumplir y las cumpliremos... Tu hijo que te amará por siempre.
Invoco a todos los peruanos a que reflexionemos y unamos fuerzas porque el cambio ya está empezando en el campo, solamente uniendo fuerzas lograremos nuestros objetivos y metas.
Rosa Cóngora (Foto : Stephanie Zollner, El Peruano)
El día viernes 20 de noviembre de 2009 ha partido hacia la eternidad Rosa María Congora Cárdenas, Yachachiq de Huancavelica. Rosita, como la conocían personas de su entorno más cercano, viajaba junto a una delegación de peruanos y bolivianos, hacia el interior del país altiplánico, en el marco de un encuentro binacional. El bus en el que se desplazaban cayó a un abismo de 90 metros, a la altura del poblado Toropampa, a unas cinco horas de La Paz, ocasionando la muerte de 14 personas; tres de ellas de nacionalidad peruana. En las siguientes líneas compartimos una crónica publicada en junio de este año en el suplemento Variedades del diario El Peruano, como un homenaje póstumo a Rosa Cóngora.
Rosa Cóngora (Foto : Stephanie Zollner, El Peruano)
- CRÓNICA -
Rosa Cóngora es una Yachachiq, una Amautadel campo, una maestra que recoge y difunde elconocimiento ancestral de su pueblo. Ella es unade las pocas mujeres investidas de esta sabiduríaque aprovecha el programa Mi Chacra productiva,creado por el Ministerio de la Mujer.
ESCRIBE: SUSANA MENDOZA SHEEN
FOTOS: STEPHANIE ZOLLNER
A los 45 años, Rosa Cóngora Cárdenas es una amauta; después de haber recorrido varios caminos para encontrar su lugar en este mundo, con esposo, tres hijos, hablar quechua y luchar por lo que cree, se siente satisfecha.
Es un sentimiento pleno. Es raro oírlo. Más extraño todavía cuando lo expresa una mujer que vio la luz de la vida en un pueblo lejano de Colcabamaba, Huancavelica. Hace más de cuatro décadas, la pobreza de esa zona andina, a más de tres mil metros del nivel del mar, tenía atrapada la ambición de su gente.
Rosa Cóngora, Rosita, es una Yachachiq. Así se les llama a los maestros y guías a cargo de capacitar a los comuneros en nuevas tecnologías de riego, cultivo y crianza de animales para que sus tierras, humildes y ninguneadas, se vuelvan fértiles y prósperas.
Ella, quince años atrás, fue educada sobre lo mismo por otros comuneros, provenientes de la sierra cusqueña y agrupados en una federación que tiene historia de luchas. Ellos, habían aprendido que no necesitaban esperar las lluvias para sembrar sus granos, que podían criar animalitos menores para comenzar a ver “chaposos” a sus hijos y elaborar sus propios pastos y mejorarlos.
Rosa Cóngora (Foto : Stephanie Zollner, El Peruano)
Aquellos Yachachiq inaugurales transmitieron ese conocimiento a pequeños productores del campo ayacuchano, apurimeño, huancavelicano y cusqueño cada año. Rosa, luego de recibir aquella formación y aplicarla en su chacra, decidió ayudar a otros comuneros. Y quiso ser una amauta, y continuar con las enseñanzas de esa casta de maestros. En Huancavelica es la única mujer que traspasó la sabiduría andina a las nuevas generaciones de campesinos.
“Más hermanos campesinos disfrutarán de nuestros logros. Estoy superemocionada. No imaginé que el trabajo que iniciamos desde un puntito lejano del Perú fuera hoy tan importante”.
Para disfrutar la emoción que produce el éxito, sin proponérselo se apoya en ciertos instantes de su pasado y vigoriza sus sentimientos. Se llenan de lágrimas los ojos de Rosa, y recuerda su infancia. Cuando a los cuatro años cuidaba sus chanchitos y acompañaba a su mamá a pastear los animalitos. Cuando ingresó aquella mañana fría al colegio, y no entendió ni papa lo que hablaba la maestra porque ella sólo hablaba quechua; y cuando contagiada por sus amiguitos, en tres meses, habló con ellos el castellano de la profesora. Nació en el campo Rosa, y seguirá en él, dice.
“Como Yachachiq tengo la esperanza de que a mediano y corto plazo la familia campesina cambiará su vida; vamos a valorar todo este trabajo que venimos haciendo. La mujer andina tiene que cambiar su vida, su situación, su alimentación, su generación de ingresos”.
Antes de ser amauta, Rosa vivió en Pampas, una ciudad rural de Tayacaja. Había decidido dejar el campo, como muchos de su condición, porque creyó que la luz del ascenso social tocaría la suerte de la familia que empezaban a formar ella y su pareja, Moisés Vila. El jornal de obrero no les alcanzaba. Seré pobre, no tengo plata, y esas palabritas se le metían dentro. Se sentía humillada. “Tenia vergüenza de sacar a mis hijos a la calle”, recuerda.
Hasta que un rayo de lucidez fulminó su insensatez: qué estoy haciendo acá si tengo terreno en mi comunidad, se dijo. Volvió a su chacra y junto con su esposo aceptaron los nuevos saberes de sus hermanos cusqueños. “Cuando uno interioriza la palabra pobre, más te duele”.
No le causa dolor, sin embargo, seguir los designios del liderazgo. Ella postuló a la alcaldía de Tayacaja en las elecciones de 2006, las comunidades campesinas la propusieron y fue la única mujer que se presentó. Quedó en segundo lugar, a pesar que las maldades del machismo socavaron su elección. “Los políticos marginan, piensan que una mujer no puede gobernar al pueblo, sufrí humillaciones, pero aprendí mucho. Por ejemplo, que las mujeres tenemos que trabajar con transparencia y ejercer la democracia participativa para que los varones confíen en nosotras”.
Ahora, con celular en mano, más de cuatro décadas de existencia, un compañero como Moisés con el que comparte la dirigencia campesina, tres hijos que estudian y se identifican con sus sueños, Rosa les dice a sus hermanos que migraron a Lima que regresen, es triste vivir allá, durmiendo en la arena, bajo esteras y comiendo habas con pan. “Yo les pido que retornen a sus comunidades, porque el cambio ya está empezando en el campo”. (FIN)
Crónica publicada en el suplemento Variedades del diario El Peruano (junio, 2009).
ACTUALIZACIÓN:
Hoy (lunes 23 de noviembre), al promediar las seis de la tarde, los restos de Rosita Cóngora llegaron a su natal Pampas (Huancavelica). A la llegada, su esposo "Moisés Vila Escobar rompió en llanto abrazando a sus tres hijos Iván (22) Moisés (20) Juanita (17), quienes estaban acompañados en todo momento de sus abuelitos. Los restos de Rosita Congora son velados en el teatro municipal de Pampas, y el miércoles por la tarde se dará la cristiana sepultura en el cementerio de Chalampampa". (Con información y fotos del periodista Ángel Huamán Castillo, Pampas).
INFORME: Conozca la labor de Rosita Cóngora en este reporte de Canal N.